El Periodismo como Punto de Partida
Por Karla Galarce Sosa
El Periodismo como Punto de Partida
Por Karla Galarce Sosa
Acapulco, Gro., agosto de 2026.- El periodismo me ha llevado a lugares a los que probablemente nunca habría llegado por decisión propia. Me ha permitido sentarme frente a personas a quienes difícilmente habría conocido de otra manera y asomarme a realidades que no son las mías. También me ha permitido volver sobre mis propios pasos y reconocerme en las historias que he intentado contar.
Esa ha sido una de las mayores generosidades que he encontrado en este oficio.
Pienso particularmente en la migración, una de esas realidades que el periodismo me permitió conocer primero, a través de las personas y luego dimensioné con cifras.
La Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2023, cuyos resultados publicó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en 2024, estimó que 87.9 por ciento de la población mexicana que emigró al extranjero durante los cinco años considerados por la encuesta tuvo como destino Estados Unidos.
El Anuario de Migración y Remesas México 2025, publicado por el Consejo Nacional de Población (Conapo), dimensionó en 40.6 millones la población de origen mexicano en Estados Unidos, considerando también a las segundas y terceras generaciones.
Las estadísticas del Banco de México nos permiten observar la realidad guerrerense desde de las remesas. Esta institución, incluyó en su Sistema de Información Económica para Guerrero, más de 3 mil 400 millones de dólares recibidos durante 2025 y mantuvo a la entidad entre los territorios donde esos recursos tienen importancia relevante.
Las cifras ayudan a dimensionar el fenómeno, pero resultan insuficientes para explicarlo.
Oficio que abre puertas
Comencé a ser reportera en 2007 de Cultura de El Sur y esa experiencia me permitió conocer personajes de voces críticas frente a la convulsa realidad guerrerense. Fue en esa etapa cuando conocí a Erasmo Salgado Jiménez. Han transcurrido casi dos décadas.
Supe que Erasmo a pesar de haber pasado prácticamente toda su vida en Estados Unidos, mantenía un vínculo permanente con su tierra natal. Nuestros mundos parecían diferentes, pero había un vínculo ineludible: el arte y la cultura en la vida cotidiana, la concepción del mundo y cómo eso define nuestras cosmogonías.
Nuestro entender de la cultura está en la manera de hablar, cocinar, celebrar, llorar, relacionarnos con la tierra y conservar saberes.
Entendí que el arte y la cultura tienen una fuerza particular en las comunidades migrantes.
Se puede vivir a miles de kilómetros del lugar donde se nació y conservar la música, los sabores y las celebraciones como una manera de permanecer.
Los Clubes Unidos Guerrerenses del Medio Oeste, han hecho de esa identidad una forma de organización comunitaria y la cultura permitió que nuestros caminos se cruzaran gracias al periodismo.
Llegar como reportera estando lejos para mirar distinto
En noviembre de 2014 estuve en Indonesia. Caminé durante horas por Bandung. Conocí mercados, sabores, especias y maneras diferentes de ocupar el espacio público. Recorrí lugares que hasta entonces solamente existían para mí en mapas o libros.
Y allí ocurrió algo aparentemente elemental: tuve dificultades para comunicarme.
Por primera vez experimenté, aunque fuera en condiciones absolutamente distintas a las de una persona migrante, la vulnerabilidad que produce no dominar la lengua del lugar en el que uno se encuentra. Yo estaba allí voluntariamente. Tenía documentos, recursos y boleto de regreso.
Las personas detrás de las cifras
Las estadísticas dicen cuántas personas se fueron, pero no cuánto tardó alguien en aprender otra lengua. No cuentan qué trabajo encontró al llegar. No explican cuánto tiempo pasó antes de regresar por primera vez al pueblo donde nació. Tampoco expresan qué siente una persona cuando alguien le pregunta dónde está su casa.
El Banco de México puede contabilizar los miles de millones de dólares que llegan cada año a Guerrero en forma de remesas. Esa medición es indispensable para conocer su dimensión económica; pero el número no dice cuántas horas de trabajo hay detrás de cada envío.
Las cifras no cuentan las jornadas de quienes trabajan, ni registra las decisiones de quienes migran. Para contar esa parte hacen falta historias. Y para encontrar las historias hay que reportear.
También existe el regreso
Años después, mi trabajo como consultora en medios de comunicación para una empresa minera, me llevó a la región Centro, Norte y del Balsas. Esa experiencia me permitió observar el fenómeno migratorio desde otra dirección.
Encontré personas que habían vuelto de Estados Unidos a su tierra. Recogí testimonios en Real del Limón y La Fundición. Conocí también procesos comunitarios localidades del municipio de Cocula.
¿Por qué se van? ¿Qué tendría que ocurrir para que pudieran regresar? ¿Qué tendría que ofrecer Guerrero para que marcharse fuera una elección y no una necesidad?
Una experiencia local no permite responder esas preguntas para todo un estado. Tampoco sería responsable atribuir un fenómeno tan complejo como el retorno migratorio a una sola actividad económica. Y más ahora con el crimen organizado acechando a los pueblos.
Y es que algunas familias encontraron oportunidades laborales y productivas, de ahí su regreso. Sus comunidades, cuya dinámica económica comenzó a modificarse cuando la compañía comenzó a operar, les ofrecieron oportunidades de autoempleo y la manera de volver a su tierra.
Los guerrerenses que viven en Estados Unidos mantienen el vínculo con las comunidades de las que salieron.
Conocí a la familia de Erasmo, a su compañera, doña Mary y a sus hijos. Conviviendo con ellos en mi primera visita a Chicago hace muchos años, entendí que se puede construir una vida en el extranjero y seguir pensando en Guerrero. Se puede aprender otra lengua sin olvidar la propia.
La distancia no necesariamente rompe los vínculos. A veces los vuelve más visibles.
Para qué sirve contar
Ahora entiendo de otra manera la presea Sentimiento Migrante. No quiero asumirla solamente como un reconocimiento personal ni como un gesto de gratitud. La recibo como un compromiso.
Porque vivimos un momento en el que cualquier persona puede publicar información de manera inmediata.
Es ahora que el periodismo conserva una responsabilidad social. Importa quién cuenta. Importa cómo cuenta. Importa desde dónde cuenta. Y, sobre todo, importa para quién contamos.
Los reporteros dependemos de la confianza de las personas. De quien acepta una entrevista, entrega un documento, permite una fotografía, abre una puerta o sencillamente decide contarnos algo porque cree que somos capaces de llevar su voz hasta alguien más.
Después están nuestras herramientas. Pero antes está la confianza. Sin ella no hay historia.
Los reconocimientos se celebran y agradecen, pero lo verdaderamente importante ocurre después. Quiero seguir reporteando, preguntando, dudando cuando sea necesario y escuchando.
Quiero conservar la posibilidad de reconocerme en las personas que encuentro mientras hago mi trabajo, aunque sus vidas sean completamente distintas de la mía.
Ésa ha sido una de las mayores generosidades del periodismo conmigo, me ha permitido conocer otros mundos sin hacerme creer que esos mundos me pertenecen.
Me ha llevado a múltiples ciudades; pero, sobre todo, me ha llevado hacia las personas.
Recibo este reconocimiento con emoción, pero también con la conciencia de que una distinción de esta naturaleza establece un compromiso y éste es el seguir reporteando con responsabilidad y respeto hacia quienes todavía confían en nosotros.
Mientras alguien tenga algo que necesita ser contado y exista alguien dispuesto a escucharlo, este oficio seguirá teniendo sentido.